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¿Con quién me casaré? Esta es una de las preguntas cruciales que confronta la juventud. La gran mayoría de los jóvenes quiere casarse y ser feliz. Dios así lo quiere. Pero la decisión de elegir al compañero no siempre resulta sencilla.
El secreto, Dios dice: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” (Génesis 2:18), “Pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando.” (1 Corintios 7:9) y “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud.”(Salmo 127:3-4). Sabemos bien por el contexto histórico que en aquellos tiempos los hombres también se casaban jóvenes, ¡pero claro!, “Eran otros tiempos”. Sin embargo es bueno meditar un poco en esto, ya que hoy día es alarmante el crecimiento de los pecados sexuales, sobre todo la fornicación, cada vez es más común el sexo temprano en chicos y chicas menores de 18 años y la práctica del “sexo prematrimonial”. Inclusive, la sociedad ve con “buenos ojos” la unión libre, pues así, dicen ellos, los jóvenes pueden desahogar sus necesidades e impulsos sexuales sin que medie el compromiso de establecer y sostener un hogar. Esta idea aberrante lo único que genera es falta de estabilidad emocional y denigra la relación sexual, misma que nos ha sido dada para que la disfrutemos en el marco del amor y del matrimonio.
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El secreto, Dios dice: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” (Génesis 2:18), “Pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando.” (1 Corintios 7:9) y “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud.”(Salmo 127:3-4). Sabemos bien por el contexto histórico que en aquellos tiempos los hombres también se casaban jóvenes, ¡pero claro!, “Eran otros tiempos”. Sin embargo es bueno meditar un poco en esto, ya que hoy día es alarmante el crecimiento de los pecados sexuales, sobre todo la fornicación, cada vez es más común el sexo temprano en chicos y chicas menores de 18 años y la práctica del “sexo prematrimonial”. Inclusive, la sociedad ve con “buenos ojos” la unión libre, pues así, dicen ellos, los jóvenes pueden desahogar sus necesidades e impulsos sexuales sin que medie el compromiso de establecer y sostener un hogar. Esta idea aberrante lo único que genera es falta de estabilidad emocional y denigra la relación sexual, misma que nos ha sido dada para que la disfrutemos en el marco del amor y del matrimonio.
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